Huaylía de Huancavelica ya es Patrimonio Cultural de la Nación

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El Ministerio de Cultura declaró Patrimonio Cultural de la Nación a la Huaylía del sur de la provincia de Huaytará, departamento de Huancavelica, por tratarse de una expresión de música y danza que es resultado de largos procesos históricos de diálogo e intercambio cultural entre las diferentes poblaciones indígenas, afrodescendientes y españolas.

Mediante una Resolución Viceministerial publicada este viernes 10 de junio en el Diario Oficial El Peruano, se indica que esta manifestación cultural ha mantenido presencia en la zona, combinando la profunda religiosidad y veneración en torno al nacimiento del Niño Jesús con un sentido de competencia ritual y complementariedad propia del mundo andino.

La huaylía característica del sur de la provincia de Huaytará es practicada en diferentes centros poblados, comunidades y anexos dentro de los distritos de Querco, Laramarca, Santiago de Quirahuara, Ocoyo, San Isidro y Córdova. 

Al igual que en otras regiones, la celebración navideña en torno al nacimiento del Niño Jesús se mantiene como el principal contexto ritual en el que es representada esta forma de música y danza. No obstante, la huaylía del sur de Huaytará también se hace presente en otras fechas del calendario festivo religioso de la provincia, incluyendo las celebraciones de año nuevo, bajada de reyes y la fiesta de la Virgen de la Candelaria específicamente en el distrito de Córdova.

El término huaylía, junto al de fayllejía o invención en Querco, es usado a nivel local para nombrar a las comparsas que interpretan la música y danza propia de la costumbre navideña. Estas son contratadas por instituciones navideñas de carácter comunal y privado.

Las primeras son dirigidas por los varayoq, autoridades tradicionales elegidas anualmente a nivel comunal y que ocupan cargos como los de alcalde vara, alguacil y regidor. Las comparsas o huaylías de este tipo de instituciones se organizan en función de una división social del espacio en mitades complementarias. 

Esto puede observarse en las comparsas de las instituciones del Alcalde Auxiliar y Alguacil en Querco, Carmen Alto y Carmen Bajo en Córdova, y ejemplos similares en Quirahuara y Ocoyo. En este grupo se puede incluir a las comparsas que representan parcialidades o anexos, como en el caso del anexo de Huaranga en el distrito de San Isidro de Huirpacancha, el de Huachojaico en el distrito de Córdova, o el de Cruzpampa en el distrito de Ocoyo.

Las instituciones navideñas privadas son de creación más reciente y surgen por iniciativa de grupos familiares, así como otras formas de organización local, en torno a pequeñas imágenes del Niño Jesús. Es el caso del Niño Rojas de Querco y el Niño Humanitario de Laramarca, instituciones formadas hace poco más de medio siglo dentro de tradiciones familiares; o las instituciones Niño Cultural también en Querco y Sport Ocoyo en Ocoyo, formadas con el respaldo de centros culturales y clubes deportivos en sus respectivas localidades. 

En estas instituciones la función de contratar las comparsas de huaylía es asumida por autoridades distintas a los varayoq denominadas maisos, cargontes o mayordomos. Las comparsas de instituciones tanto comunales como privadas se presentan de manera conjunta durante los mismos contextos festivos, si bien algunas de las últimas también desarrollan celebraciones particulares en la ciudad de Ica.

Las comparsas de huaylía están formadas por tres tipos de actores: autoridades rituales, bailarines y músicos. En el primer grupo la fi gura principal es la del capataz, nombrado por los varayoq o cargontes de las instituciones navideñas para contratar y coordinar las actividades de la comparsa, así como supervisar directamente al arpista. Estos pueden recibir el apoyo del “quimiche”, representándolo si se ausenta temporalmente.

Después de estos vienen los caporales, personajes cómicos que destacan por sus bromas y el uso de un tono de voz agudo e impostado, pero que al mismo tiempo están encargados de poner el orden en la comparsa y supervisar a los bailarines. 

En Querco también son conocidos como caballos y visten botas, sacos impermeables, sombreros o cascos y máscaras variadas. En otros lugares, como Córdova se ha observado el uso de bandas cruzadas adornadas con bordados y pequeños espejos. En una mano llevan siempre un látigo con el que aplican castigos y, en la otra, una sonaja o cascabel con el que acompañan el desplazamiento de sus comparsas. Suelen ser representados por jóvenes 14 a 25 años.

Los bailarines son hombres y mujeres muy jóvenes que asumen los roles de guiadores, guiadoras y trasguías, tanto mayores como menores, en función de su edad y nivel de experiencia en la danza. Los guiadores y guiadoras suelen tener entre 15 a 24 años, mientras que las trasguías son niñas de entre 7 a 10 años. 

Los guiadores llevan una o dos bandas cruzadas sobre el pecho, decoradas con espejos en forma de estrella y bordados que indican la institución a la que pertenecen. El resto de su vestuario consiste de un pantalón de vestir, camisa blanca y sombrero de paja. Al igual que los caporales, los guiadores también llevan un cascabel o sonaja en la mano. En cambio, las guiadoras y trasguías llevan una pañoleta sujetada con ambas manos, la que pueden intercambiar por un bastón adornado con cintas de varios colores denominado azucena. Su vestuario consiste en una falda de color entero adornada por una o dos franjas blancas en la base, una blusa blanca y una pieza bordada de tela sujetada en los hombros que cubre la espalda. 

La blusa también puede ir cubierta por un chaleco que combina con la falda y la pieza en la espalda y que, al igual que esta última, también está adornada con bordados y pequeños espejos. El calzado de todos los bailarines se adapta, pasando de un calzado ligero para los desplazamientos a zapatos de cuero con herrajes en las plantas para los momentos de adoración y contrapunto.

A lo largo de las festividades en que se representa la huaylía es posible observar una serie de momentos rituales recurrentes. Estos se vinculan con sentidos de veneración, juego y competencia en función de los cuáles se adaptan las modalidades de música y danza ejecutadas por las comparsas. Momentos como la adoración en las iglesias, así como las visitas a las autoridades e instituciones navideñas, son acompañados por una forma de danza grupal que incorpora escenificaciones a cargo de los caporales y figuras coreográficas en honor al Niño Jesús y a la Virgen María. 

Los pasacalles, así como las despedidas o pascuas, también incluyen danzas colectivas o grupales pero de carácter lúdico. En cambio, los momentos de contrapunto o competencia se caracterizan por varias secciones de zapateo ejecutadas de forma individual por los bailarines, siendo este uno de los elementos más icónicos de la huaylía debido a la gran destreza requerida. Estos pueden durar por varias horas, prolongándose durante toda la noche y hasta el amanecer del día siguiente.

Son varios los contrapuntos que se llevan a cabo, siendo de mayor importancia el que ocurre en la fecha principal como en noche buena o en noche de año nuevo. Estos involucran a todos los integrantes de las comparsas dentro de sus propias categorías: arpistas, caporales, guiadores, guiadoras y trasguías. Antes de dar inicio, los caporales y capataces de las comparsas definen cuántas y qué tonadas serán ejecutadas tanto por el arpista como por los bailarines, así como la secuencia de estas. 

El contrapunto incluye pruebas de resistencia física o mudanzas en las que los guiadores y guiadoras muestran su agilidad a través de acrobacias, superando retos tales como pararse de cabeza sobre el arpa del músico o sobre una torre de sillas. Luego de esto se inicia el zapateo, que también incluye a las trasguías, momento en el que los bailarines demuestran su habilidad para seguir y mantener el ritmo de la música con los pies. Luego de la participación de todos los bailarines se lleva a cabo el “amistacharo” o “amistracharuy”, baile de reconciliación entre todos los bailarines a ritmo de huayno.

La música de la huaylía del sur de Huaytará está compuesta por más de 40 tonadas distintas que acompañan el desarrollo de las festividades antes señaladas. Sus melodías siguen principalmente escalas armónicas en modo mayor, mientras que a nivel rítmico presentan compases tanto binarios como ternarios, combinando en algunos casos estos dos compases dentro de una misma pieza. 

Dichas características reflejan el alto nivel de complejidad que alcanza la música de la huaylía, cuya ejecución es llevada a cabo solo por un arpa con cuerdas de nylon, sin el acompañamiento de otros instrumentos. Este último rasgo la distingue de la huaylía de las provincias aledañas de Lucanas y Huanca Sancos, pertenecientes al departamento de Ayacucho, cuyo acompañamiento musical es interpretado por conjuntos de arpa y violín. 

El arpista de las comparsas en Huaytará debe conocer todas las tonadas de memoria, así como ser capaz de ejecutarlas en base a lo que le indiquen los demás miembros de la comparsa.

La ejecución y duración de estas tonadas varía de acuerdo a los momentos rituales y las modalidades de danza antes descritas. La mayoría son interpretadas para las competencias de zapateo entre danzantes teniendo una duración inferior al minuto, de modo que los arpistas las repiten para permitir a los bailarines mostrar su destreza uno después del otro. 

Las tonadas se distinguen por sus nombres particulares como sapito, incarajaychi, atuqcha, macario mayor y menor, ensayo mayor y menor, tableo mayor y menor, cascabeleo mayor y menor, medianía mayor y menor, huancasanquina, laramatina, huacuina o huac-hueña, saqsamarquina.

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