El 2026 ya avanza en el calendario, pero en el Perú falta una pieza que forma parte del ritual administrativo del Estado: la definición del nombre oficial del año 2026.
Aunque para muchos ciudadanos este detalle pasa inadvertido, se trata de una tradición profundamente arraigada en la historia institucional del país y con efectos concretos en la vida administrativa.
A diferencia de otros países donde los años se asocian a ciclos culturales, símbolos religiosos o calendarios tradicionales, en el Perú el nombre del año cumple una función normativa.
No es una consigna libre ni una frase decorativa, sino una denominación obligatoria que ordena la comunicación institucional del Estado durante doce meses.
Sin embargo, hasta el momento, el Poder Ejecutivo no ha emitido el decreto supremo que oficialice el nombre del año 2026, lo que mantiene en suspenso una práctica que se remonta a más de seis décadas.
El origen de una tradición administrativa peruana
La costumbre de asignar un nombre oficial a cada año se instauró en 1963, durante el primer gobierno de Fernando Belaúnde Terry.
La primera denominación fue “Año de la Alfabetización en todo el territorio patrio”, aprobada mediante un decreto emitido a fines de 1962.
Desde entonces, esta práctica se ha mantenido casi sin interrupciones y se ha consolidado como parte del protocolo administrativo del Estado peruano.
Con el paso del tiempo, el nombre del año dejó de ser una simple consigna política y pasó a convertirse en un elemento normativo de uso obligatorio para todas las entidades del sector público.
Esta tradición, poco común en otros países de la región, forma parte del ADN institucional del Perú y refleja la manera en que el Estado busca ordenar su comunicación y proyectar una narrativa oficial año tras año.
Una obligación administrativa que ordena la vida institucional
El nombre del año debe figurar en todos los documentos oficiales emitidos por las entidades públicas.
Resoluciones, oficios, memorandos, informes y comunicaciones institucionales deben incluir obligatoriamente la denominación vigente.
Esta exigencia solo entra en vigor cuando el nombre del año es aprobado mediante decreto supremo y publicado oficialmente.
Mientras ese paso no se complete, las instituciones se ven obligadas a mantener el membrete del año anterior o, en algunos casos, a omitir la denominación anual.
Esta situación, aunque excepcional, se repite ahora en los primeros días del 2026 y genera un vacío temporal dentro del protocolo administrativo del Estado.

El papel del Diario Oficial El Peruano en la oficialización
El Diario Oficial El Peruano cumple un rol clave en este proceso. La denominación anual solo adquiere validez legal y administrativa cuando el decreto supremo correspondiente se publica en sus páginas.
Sin esta publicación, el nombre del año no existe oficialmente para efectos normativos. Aunque no genera derechos ni obligaciones directas para la ciudadanía, sí establece una pauta obligatoria para la documentación pública y garantiza uniformidad institucional.
Por ello, la publicación en El Peruano no es un simple trámite, sino el acto que marca formalmente el inicio del periodo administrativo anual del Estado peruano.
¿Por qué el nombre del año 2026 aún no se ha definido?
Lo habitual es que el nombre del año se apruebe en las últimas semanas de diciembre o, como máximo, en los primeros días de enero. En esta ocasión, el proceso se ha extendido más allá de lo esperado.
Aunque no existe una explicación oficial, este tipo de retrasos suele estar relacionado con factores políticos y administrativos.
Cambios en el gabinete ministerial, evaluaciones internas sobre el mensaje que se busca transmitir o la necesidad de consensuar prioridades gubernamentales pueden influir en la demora.
Si bien no es una situación frecuente, tampoco es inédita dentro de la historia reciente del país. En otros periodos, el decreto supremo se ha publicado días después del inicio del año sin que ello impida su aplicación posterior.
El significado simbólico del nombre del año
Más allá de su función administrativa, el nombre del año tiene un valor simbólico importante. La frase elegida suele reflejar el contexto político, social y económico del país, así como las prioridades del gobierno de turno.
A lo largo del tiempo, las denominaciones han enfatizado mensajes de unidad nacional, crecimiento económico, fortalecimiento institucional, lucha contra la corrupción o conmemoraciones históricas.
En la práctica, el nombre del año funciona como un gran lema institucional que acompaña discursos, campañas públicas y comunicaciones oficiales.
Aunque muchas veces pase desapercibido para la ciudadanía, este elemento forma parte del lenguaje cotidiano del Estado y contribuye a construir una narrativa oficial sobre el rumbo del país.
Denominaciones oficiales de los años (2010–2025)
- 2010: Año de la consolidación económica y social del Perú
- 2011: Año del Centenario de Machu Picchu para el Mundo
- 2012: Año de la Integración Nacional y el Reconocimiento de Nuestra Diversidad
- 2013: Año de la Inversión para el Desarrollo Rural y la Seguridad Alimentaria
- 2014: Año de la Promoción de la Industria Responsable y del Compromiso Climático
- 2015: Año de la Diversificación Productiva y del Fortalecimiento de la Educación
- 2016: Año de la Consolidación del Mar de Grau
- 2017: Año del Buen Servicio al Ciudadano
- 2018: Año del Diálogo y la Reconciliación Nacional
- 2019: Año de la Lucha contra la Corrupción y la Impunidad
- 2020: Año de la Universalización de la Salud
- 2021: Año del Bicentenario del Perú: 200 años de Independencia
- 2022: Año del Fortalecimiento de la Soberanía Nacional
- 2023: Año de la Unidad, la Paz y el Desarrollo
- 2024: Año del Bicentenario, de la Consolidación de Nuestra Independencia y de la Conmemoración de las Heroicas Batallas de Junín y Ayacucho
- 2025: Año de la Recuperación y Consolidación de la Economía Peruana
¿Qué implica comenzar el 2026 sin denominación oficial?
Desde el punto de vista administrativo, la ausencia del nombre del año obliga a las entidades públicas a operar con membretes desactualizados o sin uno de los elementos tradicionales del protocolo institucional.
Desde una perspectiva simbólica, también deja en pausa el mensaje que históricamente ha acompañado la gestión pública peruana. El nombre del año no solo ordena documentos, sino que sintetiza prioridades y comunica una visión de país.
Por ahora, el 2026 avanza sin lema oficial, a la espera de que el Poder Ejecutivo publique el decreto supremo que complete una tradición que forma parte de la identidad institucional del Perú.
¿Cómo se decide la denominación del año en otros países?
En otros países también existen formas de denominar o simbolizar los años, aunque con enfoques distintos al peruano.
En China, el calendario tradicional asigna cada año a un animal del zodiaco con un fuerte significado cultural, mientras que en Japón se utilizan nombres de eras imperiales que marcan periodos históricos y administrativos.
En regiones como Europa y América del Norte, en cambio, se suelen declarar “años temáticos” vinculados a causas específicas, sin carácter obligatorio. A diferencia del Perú, estas denominaciones no forman parte de la documentación oficial del Estado, pero cumplen un rol simbólico y comunicacional.
