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danza Charicamay

El Ministerio de Cultura declara como Patrimonio Cultural de la Nación a la danza Charicamay de la provincia de Daniel Alcides Carrión, departamento de Pasco, por ser práctica cultural en cuya representación se entrelazan múltiples aspectos tales como la veneración de las divinidades tutelares, la organización en autoridades varayoq, el uso simbólico de la bandera del Perú como muestra de patriotismo.

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Además ser el calendario agrícola, y la evocación de la memoria colectiva local a través de aspectos como la vestimenta y el arrieraje que marcaron la vida cotidiana hasta mediados del siglo XX; todo lo cual confiere un alto valor identitario para los habitantes y residentes de las comunidades de Mito y Espíritu Santo de Chacayán, en el distrito de Chacayán, y del centro poblado de San Miguel de Cuchis, en el distrito de Vilcabamba, permitiéndoles reproducir y fortalecer los vínculos con su cosmovisión y tradición oral.

La danza

La danza Charicamay constituye un espacio de juego entre hombres y mujeres jóvenes. Ellos constituyen el cuerpo principal de danzantes y juegan entre sí echándose talco, a la par que entonan letras jocosas. De acuerdo a quienes practican esta danza, el término “charicamay” es un vocablo quechua que significa “agárrame”, nombre que hace referencia a cómo estos jóvenes bailan uno detrás del otro, sujetándose entre sí de la cintura. Esta manera de bailar constituye una característica distintiva de la danza, al igual que el uso de una bandera del Perú por cada comparsa de danzantes.

Indumentaria

El cuerpo principal de una comparsa o cuadrilla de Charicamay está compuesto por cinco o más danzantes, normalmente jóvenes. Los encabeza un olgo huaylash (varón danzante), personaje masculino que suele llevar un vestuario consistente en un par de shukuy u ojotas de cuero de vacuno o camélido.

En la parte inferior del cuerpo llevan calcetines blancos y negros tejidos con lana de ovino, medias hechas en base a hilo de algodón con representaciones de animales y plantas, entre otras fi guras; un calzoncillo de bayeta blanca y un calzonazo o pantalón corto negro de cordellate forrado en su interior con tela de algodón o bayeta.

Además, el olgo huaylash lleva una camisa hecha de bayeta, encima de la cual lleva manguillas adornadas que cubren el antebrazo y un chaleco de bayeta blanca por detrás y cordellate negro por delante. Encima de todo esto, lleva un poncho de bayeta color marrón, el cual es amarrado en la cintura y ajustado con ayuda de un wachuco o faja de lana elaborada a base de lana de ovino y adornada con fi guras geométricas. Adicionalmente, este personaje lleva un sombrero negro adornado con flores y una bandera peruana o de color entero (blanco en San Miguel de Cuchis) con una asta adornada con flores de maíz, ramas de cedrón y serpentinas.

Detrás del olgo huaylash se colocan al menos cuatro warmi huaylash (damas danzantes) mujeres jóvenes solteras. Su vestuario comprende un ruripas o fustán de bayeta negro, teñido con anilina verde limón, rosado, amarillo o guinda; encima de este visten falda de bayeta y una munilla o blusa de color rojo, rosado, amarillo o verde limón; sujetas con un wachuco o faja y una wachaca o faja secundaria.

Asimismo, llevan puestos zapatos negros, un sombrero negro de paño adornado con fl ores, y sobre la espalda una mantilla o pulla cata elaborada con tela de castilla y adornada con ribetes especiales. En la cintura, las warmi huaylash llevan un pañuelo grande de colores vivos del cual se deben agarrar otros danzantes durante el baile. Del mismo modo, llevan amarrado en la muñeca un pañuelo más pequeño denominado para el watamano, el mismo que es puesto a las autoridades el día domingo de carnaval.

El cuerpo principal de danzantes es acompañado por otros personajes que forman parte de la comparsa como los Regidores, las Mayorasas y el Chuto.

Coreografía

La danza Charicamay presenta movimientos cadenciosos al ritmo de la música. El cuerpo principal de danzantes se organiza conformando una o más columnas encabezadas por un olgo huaylash, detrás del cual se ubican las warmi huaylash. La primera de ellas se debe sujetar del poncho del varón, mientras que el resto se sujetan del pañuelo de la danzante ubicada en su delante.

El olgo huaylash se mueve hacia adelante o hacia los costados, en zig zag. El chuto se ubica por delante del cuerpo principal de danzantes, abriéndoles paso con ayuda de su zumbador. Junto a todos ellos se encuentran los regidores, regidoras y mayorasas. Estas últimas agitan el chicutillo en el aire al ritmo de la música, usándolo ocasionalmente para poner orden.

También ofrecen bebidas a danzantes y espectadores. En conjunto, los danzantes amenizan la fiesta tirando harina y talco a todos los asistentes

Música

Las melodías que acompañan a la danza Charicamay solían ser ejecutadas por arpistas y violinistas. Hoy en día, su ejecución suele recaer en bandas u orquestas típicas con saxofones, clarinetes, arpas e instrumentos de percusión.

La música es acompañada por estrofas definidas de cánticos en quechua, entonadas por los danzantes en momentos específicos del carnaval.

En el distrito de Chacayán, durante el apakuy del domingo de carnaval se cantan estrofas en las que se alude de forma jocosa al juez de paz. Al día siguiente, las letras cantadas hacen referencia al triunfo y la persecución de la bandera. Finalmente, el día martes los cantos son más melancólicos, haciendo referencia a la soledad que se siente tras el fallecimiento de los padres.

Adicionalmente, algunos cantos hacen referencia de forma jocosa a la soltería. En San Miguel de Cuchis, todas estas letras son cantadas el día lunes de carnaval.

La danza Charicamay de la provincia de Daniel Alcides Carrión refleja un complejo simbolismo que se relaciona con elementos de las vivencias cotidianas y de la historia de los pueblos que la practican.

Su práctica en fechas específicas del año, antecedida por la ofrenda al tayta jirca, así como durante la mesa del domingo del carnaval, refleja el estrecho vínculo entre la danza, el calendario agrícola local y, por ende, las prácticas productivas agrícolas y ganaderas. Del mismo modo, evidencia la relación entre los danzantes y su entorno geográfico, en el cual se manifiestan entidades como la Pachamama y el tayta jirca que, de acuerdo a la cosmovisión local, tendrían la capacidad de actuar sobre la vida del ser humano.

A través de la práctica del Charicamay y del juego intrínseco a ella, se establecen nuevos vínculos entre hombres y mujeres jóvenes, pero también se reproducen vínculos previamente existentes entre familiares y la población en general, por un lado, y autoridades varayoq tradicionales, por el otro.