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Danza de los guerreros cascabeleros de Kañaris es declarado Patrimonio de la Nación

Kañaris

Danza de los guerreros cascabeleros de Kañaris

La danza de los guerreros cascabeleros de Kañaris, del distrito de Kañaris o Cañaris, provincia de Ferreñafe, departamento de Lambayeque, fue declarado Patrimonio Cultural de la Nación por el Ministerio de Cultura por tratarse de una manifestación cultural representativa del distrito, expresión de su antiguo origen y testimonio de los procesos políticos y sociales trascendentales en la historia local, todo lo cual permite a sus portadores afianzar la identidad, la memoria colectiva y el sentido de pertenencia con su localidad.

La norma, publicada en el boletin de normas legales del diario El Peruano el pasado 24 de marzo, señala que la danza de los guerreros cascabeleros de Kañaris es una manifestación tradicional que rememora la audacia y coraje de poblaciones locales que enfrentaron a la expansión incaica.

Según la tradicional oral, el nombre de la danza hace alusión al júbilo de los combatientes locales que se expresa en el característico sonido de los cascabeles sujetos en las piernas.

Detalla, además, que esta danza se ejecuta cada año el 23 y el 24 de junio durante la fiesta de San Juan Bautista, patrón del distrito de Kañaris. Como parte de la celebración, en estos dos días se producen procesiones de las dos imágenes veneradas, la de San Juan Bautista, y la de San Juan de Agüita.

El 23 en la tarde, la comparsa de danzantes acompaña la procesión de ambas imágenes por las calles del distrito. La procesión finaliza en el templo, donde los danzantes ejecutan la danza tanto fuera como dentro de este.

Por la mañana del 24 de junio, la comparsa ejecuta la danza durante el recorrido de la imagen de San Juan de Agüita hacia la laguna llamada también Agüita, el grupo que acompaña la imagen está integrado por autoridades locales y devotos tanto locales como de localidades adyacentes como Incahuasi y Salas,
manifestándose el vínculo inherente y constante entre las comunidades.

La comparsa está compuesta por doce hombres que se colocan en filas opuestas. Los danzantes portan una camisa blanca o azul cubierta por un poncho rojo de lana de carnero y teñido con tintes provenientes de árboles como el aliso y el nogal. Cada danzarín dobla el poncho de forma rectangular y se lo coloca en el cuello, por lo que adquiere la forma de las alas de un gavilán, esta ave depredadora es considerada un ente sagrado y de buen augurio en Kañaris y está vinculada con la tradición oral local por lo que su representación le otorga una gran ritualidad a la danza.

Los danzantes lleva también un pantalón negro o azul oscuro, un cinturón de cuero o faja de lana tejida con símbolos de la naturaleza como el sol, estrellas, cerros, árboles, hojas, entre otros. Atados a las pantorrillas se encuentran los cascabeles de bronce, distribuidos en dos tiras de cuero de vaca, elemento que da a la danza su sonido característico. Es costumbre de los danzantes que los cascabeles sean heredados, lo cual otorga prestigio al danzante por la antigüedad de la pieza que porta.

Otro detalle es que en la mano derecha portan una espada de madera denominada palio o palyu, instrumento
de ataque y que rememora los combates contra el imperio incaico. En la mano izquierda llevan una corona de base circular con cuatro prolongaciones que se encuentran en un punto, creando una forma elipsoide. Está hecha de cuero de vaca y cubierta con cintas rojas, azules, naranja y verde, las cuales representarían a la localidad.

La danza de los guerreros cascabeleros de Kañaris se transmite de generación en generación. La primera aproximación a la danza se da de forma directa a través de la observación de los niños y jóvenes durante los días de la festividad de San Juan Bautista. También existe una enseñanza de sabios de la localidad a danzantes discípulos, así como de padres a hijos, quienes perfeccionan los movimientos aprendidos previamente cuando integran la comparsa.

Cabe señalar que las instituciones educativas del distrito de Kañaris han tenido la iniciativa de enseñar la danza,
lo cual ha fortalecido la práctica en la localidad. Los danzantes son reconocidos por su agilidad y vigor y los mamitas por su destreza y creación de armonías.

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